Tomé mi mochila y bajé las escaleras. Cuando llegué a la cocina, mi madre estaba haciéndose un café. La saludé, agarré un bol, lo llené de cereales, y me senté en la mesa a comer. Terminé, me despedí de Heather y salí. Me apresuré a entrar a mi coche -un Mini-Cooper negro, recién comprado por mi madre. Ésta me lo había regalado mi pasado cumpleaños, y lo cuidaba como oro, ya que sabía que le había costado mucho conseguir la plata para comprarlo.-, arranqué el motor y me dirigí hacia el colegio. Al llegar aparqué el auto y me encaminé hacia el edificio. Cuando estaba a mitad de camino, mi mejor amigo Ross apareció corriendo y me dió un beso en la mejilla. Yo reaccioné y lo abracé -realmente lo había extrañado-, y me dedicó una enorme sonrisa:
- Jules! Te he extrañado. ¿Como has pasado las vacaciones?- Parecía entusiasmado.
- Bien, ya sabes, no hice nada muy interesante. Mi madre estaba con mucho trabajo y no pudimos hacer nada.- En realidad no me apenaba, ya que me agradaba estar en mi casa.- ¿Y Tú? ¿Qué has hecho?-
- Fui con Jess, Matthew y Jake - Éstos eran sus hermanos- de excursión a un bosque al norte. Por supuesto, Sarah -Su hermana mayor-, no fue, ya que odia todo lo que esté relacionado con la naturaleza, y no se despega ni un segundo de su celular y su computadora- dijo con tono de reproche hacia ella.- Pero la pasamos bien. Si la próxima no haces nada, no dudes en llamarme y hacemos algo juntos, Jules.- Su idea me agradó. Asentí y fuimos abrazados contándonos novedades hacia el aula.
Por suerte él tenía Literatura conmigo, así que arreglamos para compartir asiento- ya que ésa era la única clase que tenía bancos dobles-. Cuando me acomodé, desde la otra punta del salón saltó Valerie, alzando su mano para saludarme. Le devolví el saludo y la invité a acercarse. Val había sido una gran amiga desde hacía un tiempo ya, pero igual no se comparaba con la inigualable compañía de Ross. La joven salió corriendo hacia mi lugar. Ella siempre conservaba el mismo rostro, era como si los años no le cambiaran nada: siempre había tenido esos ojos verde marino bien grandes, y esas pecas que algunos días se veían más que otros; su larga melena pelirroja cubierta de rizos rebeldes y esa expresión optimista en su risa. A veces no podía creer que alguien tan feliz e iluminado se interesara en relacionarse conmigo: yo era callada, tímida, y mi pequeño círculo de amistades se conformaba sólo con Ross, Val y Max, quien me empezaba a extrañar no verlo aún.
-¡Jules!¡Hola!¡Oh, te extrañé mucho! Cuéntame, ¿cómo te ha ido? - Estaba a punto de contestarle, cuando el profesor Martins llamó a la clase. No había oído el timbre. - Qué raro yo tan distraída- pensé. Val se alejó aún con una deslumbrante sonrisa, y Ross se sentó a mi lado. Enseguida, el profesor se puso a repartir mesa por mesa el trabajo para la clase. Como cuando me había despertado, seguía teniendo el presentimiento de que algo iba a suceder. Algo nuevo, que probablemente cambiaría mi vida. No entendía ese sentimiento, ni qué podría ser que le daría ese giro a mi vida.De golpe, la voz de Ross cortó el hilo de mis pensamientos:
-Oye, ¿Oíste que entrarán unos chicos nuevos? Ellos vienen con su familia de Inglaterra. Creo que son 3. Los dos de nuestra edad que creo que son mellizos se incorporarán con nosotros.- ¿Sería eso lo que sentía que sucedería?
- No, no había oído de ellos.- Dije aún sumida en mis sospechas.
- Es raro que aún no hayan llegado. Ja, es el primer día y ya llegan tarde. Ya imagino de qué tipo deben ser.-
-Oye, no prejuzgues. No sabes aún cómo son. No debe ser fácil cambiarse de país, de instituto, de vida.- Mi discurso pareció causarle gracia y empezó a reir- ¡Ey! ¡No te rías!- dije fingiendo enojo,pero no me contuve y empecé a reir con él- ¡Eres tan malo!- le grité entre risas, dándole unos golpes afectuosos en la espalda y revolviéndole el cabello: lo quería como un hermano.
El profesor se molestó por mi conducta y me envió afuera. -Demonios, recién empiezo y ya estoy en líos.-pensé. Miré a Ross antes de salir, y creí ver una expresión de disculpa en su rostro. Sonreí para mis adentros y salí. El profesor me indicó que me siente en un largo banco en frente de la puerta del aula y cerró la puerta. Me senté y esperé. La hora recién había empezado, lo que significaba que me esperaba un largo tiempo allí sentada. El silencio reinaba los pasillos; sólo se escuchaban las voces de los distintos profesores dentro de las aulas dando sus respectivas materias. Me apoyé contra la pared y, gracias a que había llevado uno de mis preciados buzos, saqué mi MP3 y lo oculté en los bolsillos. Puse mi música preferida -Jazz, piano, y rock de los '80-, y me concentré en un punto fijo en la pared de enfrente.
Estaba a punto de caer en el sueño, cuando una silueta llamó mi atención. Giré rápidamente la cabeza, y encontré mi mirada con la de un chico que cruzaba el pasillo. Al verme, se detuvo en seco y me miró con expresión extrañada. Por algún motivo, no podía despegar mi mirada de encima suyo: el chico era alto, delgado; tenía el cabello revuelto y, a diferencia de Ross que era rubio, éste tenía el pelo negro como el ébano, y largo por debajo de las orejas pero no llegaba a los hombros; sus penetrantes ojos grises parecían transparentes, y me daba la sensación de que miraban más alla de mí, como si me traspasaran. Reaccioné y apresuradamente desvié la mirada hacia el piso, pero sin perderle de vista. Ni bien ubiqué mis ojos en otro lado, el chico volvió a avanzar y se sentó en la otra punta del banco. No sabía quién era ni qué hacía ahí, o porqué estaba estaba allí sentado esperando a algo en el mismo banco que yo. ¿Acaso era uno de los nuevos chicos de los que Ross me había hablado? Me dediqué a observar detenidamente una de las bisagras de la puerta, a la vez que vigilaba al desconocido. De repente, éste se levantó, bufó, y se acercó a la puerta del aula de Literatura. Tocó 2 veces, y luego de aproximadamente 20 segundos el profesor salió. Parecía enfadado ya que el chico le había interrumpido la clase y, a regañadientes, preguntó:
-¿Si? ¿Qué ocurre?- En ese momento, el chico contestó. Por primera vez oí su voz: era dura, fría, y , sobre todo bastante triste.
-Soy el nuevo alumno. Brian Winslock. Me dijeron que aquí era mi clase.- Sonaba vacío, como un zombi. El profesor se enojó más y le dijo:
-Oh, pero llegas tarde- Brian no respondió, entonces suspiró y le hizo una seña para que entrara al aula. Una vez que traspasó la puerta, el profesor me miró y me dijo:
-Tú te quedas aquí.- se dió media vuelta y cerró la puerta con un fuerte estruendo. El silencio volvió a reinar. Apagué mi MP3 y me dediqué a escuchar qué pasaba dentro del aula. Sentí cómo Martins le decía a la clase:
-Chicos, éste es un nuevo alumno que viene desde Inglaterra. Su nombre es Brian Winslock y espero que lo ayuden y lo integren.- A continuación, escuché la inexpresiva voz del chico.
-Gracias, pero creo que podré solo. Aquel es mi lugar, ¿cierto?- se oyó un silencio en donde supuse que el profesor había asentido, ya que Brian volvió a decir:
-Bien. Puedo solo, gracias.- entonces logré oir algunas risitas.-seguramente es Ross- pensé.
Luego, el profesor continuó con su clase. Miré el reloj: eran las 9:00.Ya faltaba poco para que comenzara el recreo.
3 oct 2009
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